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Terapia para el manejo de la Ansiedad
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es un fenómeno complejo que abarca mucho más que un simple estado de nerviosismo o preocupación pasajera. Es una respuesta emocional que implica componentes cognitivos, fisiológicos y conductuales que se activan ante la percepción, muchas veces subjetiva, de una amenaza o un peligro, aunque este no siempre sea claro o real.
La ansiedad tiene raíces biológicas en el sistema nervioso autónomo, que prepara al cuerpo para enfrentar o huir ante situaciones riesgosas, incrementando la frecuencia cardíaca, la respiración y la tensión muscular. Este mecanismo resulta adaptativo cuando efectivamente hay un peligro, ya que aumenta las probabilidades de supervivencia.
Sin embargo, cuando la mente interpreta constantemente estímulos neutros o situaciones cotidianas como amenazantes, este mismo sistema se mantiene en alerta sin necesidad, generando un desgaste que afecta el bienestar físico y emocional.
La ansiedad está estrechamente ligada a la forma en que cada persona percibe, interpreta y anticipa los acontecimientos.
Muchas veces se origina o se intensifica por patrones de pensamiento que magnifican posibles amenazas o que subestiman los propios recursos para enfrentarlas. Esto puede estar influido por experiencias de vida, estilos de apego, mensajes internalizados desde la infancia o situaciones traumáticas no resueltas.
Además, la ansiedad suele tener un carácter circular: el miedo a sentir ansiedad o a perder el control sobre el propio cuerpo y la mente se convierte en un disparador que alimenta el mismo estado que se quiere evitar, creando un ciclo difícil de romper sin ayuda profesional.
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También es importante señalar que la ansiedad no se manifiesta igual en todas las personas ni en todas las circunstancias. Puede expresarse de manera generalizada, como una preocupación constante por distintos aspectos de la vida sin un foco claro, o adoptar formas más específicas, como el miedo intenso a situaciones sociales, a espacios cerrados, a enfermedades o a perder el control.
En algunos casos, puede desencadenar crisis agudas conocidas como ataques de pánico, donde los síntomas físicos son tan intensos que la persona teme sufrir un infarto o morir, aunque no exista un peligro real. Todo esto muestra cómo la ansiedad tiene la capacidad de colonizar la experiencia cotidiana, distorsionando la percepción de seguridad y limitando la libertad para actuar con espontaneidad.
Desde la psicología, el abordaje de la ansiedad busca entenderla no solo como un conjunto de síntomas a eliminar, sino como un mensaje del mundo interno que señala preocupaciones más profundas, necesidades emocionales insatisfechas o conflictos no resueltos.
El trabajo terapéutico combina estrategias para manejar las manifestaciones inmediatas, como la respiración, la relajación y la reestructuración de pensamientos, con un proceso de exploración más amplio que permita a la persona conocer las raíces de su ansiedad, desarrollar una relación más compasiva consigo misma y construir recursos internos para enfrentar la incertidumbre de la vida. Así, el objetivo no es eliminar por completo la ansiedad, que en niveles moderados forma parte natural de la existencia, sino aprender a convivir con ella sin que domine ni limite el desarrollo personal.
¿Cuáles son los síntomas de un ataque de ansiedad?
Los ataques de ansiedad son episodios súbitos e intensos de miedo o malestar que suelen aparecer sin una causa aparente o desproporcionada en relación con la situación que se vive.
Durante estos episodios, la persona experimenta síntomas físicos muy marcados como palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración, temblores o sensación de ahogo, junto con pensamientos catastróficos, como el temor a perder el control, volverse loca o incluso morir.
Aunque estos ataques no representan un riesgo real para la vida, resultan extremadamente angustiantes y generan una percepción de amenaza inminente. Desde la psicología se entiende que son el resultado de una activación excesiva del sistema de alerta del organismo, que interpreta de manera distorsionada señales internas o externas como peligrosas.
Por ello, el tratamiento se enfoca en enseñar a identificar los primeros signos, manejar los pensamientos que alimentan el miedo y regular las respuestas corporales, para recuperar la sensación de seguridad y control.

